Me perdono

Sí, me perdono. Me perdono con compasión y humildad, con amor, porque me di cuenta de que siempre hice todo lo mejor que pude. Comprendí que fui, que soy y seguiré siendo un ser sensible, frágil y vulnerable, como lo son todos los seres humanos. Las experiencias de mi vida moldearon mi personalidad, crearon mi vida entorno a mis vivencias que pensaba que eran erróneas, que mi vida había sido un desastre, un error, un fracaso (como todos). Nada más lejos de la realidad, todo fue perfecto, todo fue necesario.

Sané la culpa que sentía por mis errores ya que en nada me ayudaba, nada solucionaba, nada cambiaba. Aprendí (bastante tarde) que era capaz de cambiar mi vida a pesar de mis heridas y de las situaciones que me rodearon, y a pesar de lo tarde que era, llegué a la conclusión, de que nunca es tarde para cambiar a mejor. Emprender otros caminos significa que tengas que dejar el pasado atrás, aprender de los errores y aprovechar la nueva oportunidad que la vida nos brinda para seguir creciendo. Cada paso es un avance, por pequeño que sea, aunque no lo parezca. Cada terapia es una ayuda. Cada sesión es un soltar lastre. Cada paso te lleva a la mejor versión de ti mismo. Y yo pasé por ahí.

No lo dudes, perdónate desde la comprensión. Comprensión es luz. Comprendí que soy mi propia dueña, que mis pensamientos moldearon mi existencia. Eso sí, tardé una eternidad en comprender que no era una esclava de las (mis) circunstancias y que en mí estaba el poder de mejorar, de cambiar y de vivir en armonía. Pude ver que mi vida fue, es y será maravillosa a pesar de las pérdidas, de los daños, de las heridas, de las cicatrices que de una manera u otra quedaron en mí.

Agradezco infinitamente la oportunidad que tuve de vivir, de ver, de oír, de sentir, de saborear, la oportunidad de compartir con otros mi vida y la oportunidad de amar. Elegí la vida, a pesar de todo, a pesar de todos, a pesar de que muchas veces casi la pierdo. Me deshice de viejos patrones, de resentimientos hacia otros, hacia mí misma. Rompí las cadenas con las que yo misma me até. Me liberé del miedo y de la culpa. Honré mis errores. Me honré a mí misma. Me hice consciente de que nadie tiene control sobre mis pensamientos, solo yo. Admití que nadie tiene control sobre mis sentimientos. Me liberé de todas mis heridas. Me valoro. Me acepto tal cual soy. Llegar a este punto me ha costado años y años de terapia, de estudios, de lectura, de ocuparme de mí. Estoy a salvo porque me tengo a mí misma, nadie me salvará, solo yo misma. Nadie te salvará, solo tú mismo.

Estoy aprendiendo a quererme y amarme. Me perdoné. Sané el estancamiento emocional, el pasado, las heridas, los sueños rotos, la acumulación de estrés y cansancio, la desconexión, el abismo entre afuera y adentro, el anhelo por volver a ser yo. Las emociones que surgen en nosotros, son olas que podemos sentir que nos sumergen profundamente y más profundamente hasta donde está oscuro. O peor, donde te ahogas. Pero no se puede, no puedes rendirte. Hay que nadar, hay que seguir remando. Hay que superar el momento difícil y duro para poder seguir. Hay que trabajar. Y “trabajar” puede ser no exactamente hacer, más bien deshacer. La inacción es acción a veces. Liberarte. El dolor impide al alma fluir. Basta ya de autocensura. Basta ya de dudas. Basta ya de falta de confianza en tu propia visión, en tu sentir. Hay que abrir las jaulas donde nos hemos encerrado a nosotros mismos. Soltar los lastres. Desatar los amarres. Escucharse. Ser libre, ser tú mismo. Rendirse. Renunciar a los viejos esquemas. Renunciar a los paradigmas creados, impuestos. Renunciar para fluir, para ser.

Es duro ser libre. Es duro y a la vez es estrictamente necesario perdonar(se) para llegar a serlo. Es duro cuando casi nadie cree en ti. Eso es lo más duro de aceptar, que no crean en ti, es durísimo y a la vez impacta, te saca de plano. Por eso hay que trabajar duro en ello, tratando de no perder la fe. Viviendo desde la pasión. Solo así se llega a la libertad, a tu libertad. Es duro ser libre, me reitero, pero merece la pena pagar los peajes que surgen en el camino, y muchas, muchísimas veces se hace con dolor y en la más absoluta soledad e incomprensión.

Por eso me perdono por no confiar a veces en mi, me perdono por perder la fe a ratos. La vida me ha encontrado, o, mejor dicho, me he reencontrado con la vida, con mi camino para crearme a mí misma desde la libertad de SER. Me perdono por no ser capaz a veces de creer en mi. Soy imperfecta. Nadie es perfecto, ¡bendita imperfección! Muchas veces sentimos que tenemos que ocultar esta parte de nosotros mismos, siempre tenemos que levantarnos y fingir. Tienes altibajos, admite y acepta por lo que estás pasando, eso es rendirse a la realidad, es salud mental. Si necesitas ayuda, pídela, no pasa nada. 

Gracias a los que de una manera un otra me han mostrado mis imperfecciones. A los que contribuyeron a mostrarme lo que soy. A los que con sus granito de arena, o no acciones me ayudaron y ayudan a verme cada día. A los que suman. A los que no me dan, a los que me dan, a todos me siento profundamente agradecida, es lo que más me cuesta: recibir, y ha de haber un equilibrio entre el dar y el recibir, es ley, por lo tanto, a los que comparten desde su generosidad cualquier cosa conmigo, gracias. Gracias también los que han estado, o se han ido, o se irán de mi vida. Gracias.

Amo y creo profundamente en lo que hago y mi corazón vibra alto con ello, estoy al servicio de todos lo que me necesiten desde mi experiencia, desde mi pulsión, con tremenda humildad, desde lo que soy y sé.

Gracias, gracias, gracias. 

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12 Responses
  1. Pablo

    Gracias siempre a ti Anca. Das tanto siempre… no todo es el dinero, ya lo sabes.

    Fuerte abrazo y ánimo Anca.

  2. Pablo

    «En enorme soledad se curten las grandes almas», eso me explicaste, aún lo recuerdo y ha pasado tiempo. El éxito se puede lograr, no es exclusivo de unos pocos, por lo tanto te honro por mostrar tu alma tal y como es, ahí reside la esencia, no en tener. Los hay que tienen muchísimo y son tremendamente tristes, infelices, solos, vacíos, tienen todo lo económico, pero no tienen nada mas, nada en el alma que los haga vibrar, apenas viven o apenas han conocido la felicidad. Conozco unos pocos y sé lo que digo, solo tienen dinero, nada más.

    Abrazo fuerte. Pablo

    1. Muchísimas gracias Pablo. Gracias de corazón, me vienen perfectas tus palabras, lo económico pesa, sin duda y es muy importante, importantísimo, pero el alma, el alma es otro nivel…

      Fuerte y hondo abrazo.

      A.

  3. Adriana

    Preciosa Anca, confío profundamente en ti.
    Gracias por los caminos que abres.
    Besos y mejor semana
    Adriana

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