dualidad

Somos duales

Se habla mucho sobre el bien y el mal últimamente, sobre quienes son los buenos y quienes son los malos. O te dicen » eso que has echo está mal, es inaceptable» hasta ves el dedo acusador del que no es capaz de perdonarte un error… como si esa persona fuera perfecta.

Nos movemos entre polaridades. Todos nosotros poseemos una versión buena y otra mala y ambas conviven en nuestro interior, quedando la versión mala reprimida, pero no para siempre, al igual que la buena, tampoco prevalece siempre jajaja

¿Alguna vez has tenido pensamientos considerados “malos”? Seguramente sí, pero ¿qué ocurriría si pudieras dar rienda suelta a esa maldad? La idea de ésta dualidad ha sido tratada desde diferentes puntos de vista en el marco de distintas especialidades, como la filosofía, la psicología o la literatura. Esa dualidad quizás sea la que nos hace humanos. La perfección no existe, la bondad o la maldad absoluta tampoco, conviven, se solapan, se complementan, como todo.

Lo que es bueno para mí, puede no serlo para ti. En todo hay discrepancias. Todos hemos podido cometer actos irracionales, incoherentes y hemos actuado de una forma totalmente inesperada.

El bien y el mal

¿Qué es el bien? Parece una pregunta sencilla, sin embargo, ésta idea del bien puede ser un tanto subjetiva y acabaríamos resumiendo en: “es lo contrario del mal”. La ética es la parte de la filosofía que ha tratado de dar respuesta a este tipo de preguntas a lo largo de la historia. Así, son varios los filósofos que han intentado responder girando alrededor de una misma idea: el bien es lo opuesto al mal.

Para Aristóteles el bien último es la felicidad. ¿Y para ti, cuál es? 

¿Qué ocurriría si el bien y el mal fuesen las dos caras de una misma moneda? Indisolubles, inseparables, íntimamente unidos a la par que distintos, que no pudiera existir el uno sin el otro. La sociedad en la que nacemos y nos desarrollamos tiene mucho peso, nos condiciona. Parece que existe en nuestro interior una naturaleza que, en ocasiones, nos empuja a actuar o pensar en contra de estas normas heredadas, de lo que rige en nosotros. Separar la dualidad del bien y el mal es imposible, se complementan, cohabitan.

Tratar de separar estas dos caras, dando lugar a un desdoblamiento de la personalidad, ambos son la misma persona, ambos deseos e impulsos residen en el mismo ser y, al separarlos, las consecuencias son atroces.

Jekyll era un “hombre de bien”, un hombre ejemplar, distinguido y de buena posición; un hombre que, como todos los demás, reprimía los impulsos más oscuros que residían en su interior. Su pasión por la medicina y su obsesión con la idea de separar el bien del mal de nuestro interior, le llevó a probar en sí mismo una extraña poción que daría vida al señor Hyde; es decir, la contraposición de Jekyll, el dejarse llevar por los impulsos y el placer. Jekyll y Hyde son la misma persona, son uno, como tú.

Las transformaciones suponen, no solo una división, sino una búsqueda por parte de Jekyll para acudir a esos placeres y deseos prohibidos por la sociedad. La descripción física de ambos personajes es, a su vez, significativa; mientras Jekyll es descrito con una apariencia agraciada, Hyde es descrito como un ser “cavernícola”, con un aspecto salvaje y desagradable en la sociedad.

Descubrir la verdad de quién somos, esa es la verdadera misión. Pero no solo la verdad acerca de las posiciones, sino la verdad de la propia naturaleza de uno, la aceptación de la imposibilidad de separar el bien y el mal que viven en nosotros.

Jekyll y Hyde eran verdaderos, reales, ambos eran iguales, pero opuestos. Toda una ida y vuelta, una exploración de la naturaleza humana para, finalmente, decirnos que no debemos tratar de separar el bien del mal, forma parte de nosotros y ambas caras componen nuestra identidad.

“Fue, pues, la exageración de mis aspiraciones y no la magnitud de mis faltas lo que me hizo como era y separó en mi interior, más de lo que es común en la mayoría, las dos provincias del bien y del mal que componen la doble naturaleza del hombre… Pero a pesar de mi profunda dualidad, no era en sentido alguno hipócrita, pues mis dos caras eran igualmente sinceras”

Robert Louis Stevenson- El Extraño Caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde

Somos duales, y la dualidad se halla presente en la filosofía humana desde tiempos remotos, y uno de los ejemplo que indican esto es el símbolo del yin y el yang. El yang es de color blanco, con un punto negro. El yin es de color negro con un punto blanco. Significa que cada fuerza contiene en ella su opuesta. No puedes hacer más que conocerte, domar la fiera que tienes dentro, o, convivir con el fantasma que te posee y te lleva a la perdición… 

Es simple: tú eliges que parte muestras de ti, eso sí, muchas veces, la vida nos empuja a sacar lo mejor o lo peor de nosotros, ojo con eso… La bondad y la maldad extremas coexisten, la capacidad de proteger y de destruir, la capacidad de reírse con y la capacidad de reírse de… la de estar jodido y la de estar jodiendo. Todo coexiste en ti, en mi, en todos. Solo nosotros elegimos que parte mostramos a los demás. Más allá del bien y del mal, de la buena y la mala fe, el ser humano continúa peleando contra sí mismo por alcanzar un paraíso que siempre ha estado escondido en el fondo de su alma.

Busca y (te) encontrarás…

Sonrío…

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